RICARDO CABEZAS MARTÍN.

PORTAVOZ DEL PSOE EN EL AYUNTAMIENTO DE BADAJOZ.

Cuando toda la gente se equivoca, toda la gente tiene razón. Nadie acierta siempre. No es cuestión de ensayo y error, sino de buscar una alternativa al desafecto y desapego entre unos y otros, que nos empobrece, desangra y nos convierte en ineficaces. La indolencia debiera poder reducirse a la mínima expresión. Lo dijo Antonio Gramsci en el siglo XIX: “Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Decir la verdad es siempre revolucionario”.

Vivimos unos tiempos donde los políticos debiéramos reflexionar más, informarnos y estudiar más, escuchar infinitamente más. Hay políticos que viven de dar titulares telegráficos de dudosa creatividad. Y lo dice un recién llegado a la política. Las redes sociales y la inmediatez aminoran y doblegan muchas veces el sentido común por precipitación, y sin él estamos perdidos. Hablamos del presente, de lo urgente, pero ¿dónde queda planificar el futuro de Badajoz, por ejemplo?

Ejercer la oposición política, a pesar de haber ganado las elecciones, tiene mucho de periodista, que fiscaliza a quien manda y controla y evidencia las mentiras de los políticos. La diferencia es que, además de fiscalizar y evidenciar desatinos del adversario, a quienes estamos en la oposición nos piden que seamos constructivos. A los verdaderos periodistas los verdaderos políticos no tienen que pedirles nada, solo dejarles en paz. Pero también hay que reclamar a cualquier equipo de gobierno que no se puede gobernar contra la oposición y tratarle con menosprecio. Empiezas enfilando a la oposición y terminas encarado con la ciudadanía. Y eso ocurrió en 2019 al PP en Badajoz. Ahora, con Ciudadanos, están para decir que sí a todo. Decir sí a todo, nos niega a nosotros mismos. Ya lo dice el refrán, “más vale ponerse una vez colorado que cientos amarillo”.

En democracia, cualquiera puede gobernarnos. La oposición es saludable y tan necesaria como el gobierno y ayuda a sobrevivir a los malos gobernantes. Está también para impedir que los malos causen demasiados estragos. En la oposición se reflexiona y debate más que en el gobierno, a eso ayuda el ponerse en el lado de los demás. “Los que comen bien, piensan que se gasta demasiado en política social”, afirmó José Mújica sobre pensamientos únicos.

La falta de empatía aísla. Los políticos lenguaraces no paran de hablar, pero sin decirlo todo. Bernard Shaw lo tenía claro, “la política es el refugio de los charlatanes”. Tengo la sensación de que vivimos momentos dickensianos, de pura contradicción. Cuando un alcalde no impulsa planear la ciudad futura es por no complicarse la vida.

Me gustaría ayudar a planificar el futuro de nuestra ciudad y hacerlo con serenidad pues será la mejor herencia que podamos dejar a nuestros sucesores. “Deberíamos tratar de ser los padres de nuestro futuro en lugar de los descendientes de nuestro pasado”, sentenció Unamuno.

Badajoz ha cambiado mucho en los últimos cincuenta años, ¿qué será de ella en los próximos cincuenta? A veces digo, si estos cambios los vieran fulanito o menganita que ya no están… Nadie acierta siempre planificando, pero no intentar anticiparse al futuro es un error de los malos gobernantes.

¿Seguiremos creciendo por fuera y despoblando el centro? ¿Vamos a continuar creando una ciudad tentacular ocasionando un gran despilfarro en hacer llegar los servicios, aumentando el gasto en equipamiento y mantenimiento? Para Aristóteles (en La Política), “una ciudad es un perfecto y absoluto conjunto o comunión de muchos pueblos o calles en una unidad”. Para transformar la ciudad hay que escuchar. Hay una necesidad de un urbanismo colaborativo con el respaldo de la participación ciudadana. Debemos ser apasionados a la vez que pragmáticos con un planeamiento y diseño urbano que actúe de una manera más dialogante e inclusiva. Hay que poner en marcha políticas valientes en espacios de tiempo necesariamente cortos ante los efectos de un apresurado cambio climático. Ya nos vienen advirtiendo desde hace años que una ciudad debe potenciar las relaciones humanas, los intercambios sociales y económicos y no como una aproximación de secciones dispersas, aisladas y monofuncionales.

Tenemos que pensar el Badajoz del futuro, con los pacenses de hoy en el centro y desde el barrio más alejado al centro histórico de todos, desde la innovación y la reflexión compartida con la ciudadanía y sus representantes. El gran poeta Manuel Pacheco dijo del no menos grande y queridísimo Francisco Pedraja Muñoz que “se ponía a pintar un paisaje y le salía un retrato, o que se ponía a pintar un retrato y le salía una montaña con árboles y todo”. Vamos a pintar ese futuro, sea retrato o paisaje, siempre será Badajoz en unos años. Es complejo, pero nadie acierta siempre.

Admiro profundamente a personas y colectivos preocupados por Badajoz que hacen religión de su ciudad. Hay una mayor conciencia por un uso cívico y responsable del espacio común elevando los patrones de calidad. Es el momento de pensar a lo grande y saltar por encima de baches y baldosas sueltas que nos amargan el presente y limitan cualquier proyección futura. Hagamos lo imposible, por que lo posible lo hace cualquiera.

(*) Este artículo fue publicado en el periódico HOY el jueves 25 de marzo de 2021.

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