Uno de ocho puntales de la fortificación de Badajoz se convierte a diario en un pipican gigante por la desidia de las autoridades.

Los socialistas recuerdan que el equipo del PP lleva 12 años prometiendo una rehabilitación que nunca llega.

Badajoz, 23/01/2020. Mientras en Madrid se presenta la Alcazaba de Badajoz y sus fortificaciones, el baluarte de San Vicente,  que es parte de las mismas, no tiene quien le llore. Da igual que se llevara a pleno impulsar su rehabilitación en diciembre de 2018, lo máximo que consiguió fue una limpieza superficial que por supuesto no se mantiene en el tiempo.

Abandonado a su suerte con unas pistas de patinaje rotas en un espacio sin cuidar, ha dejado de ser una zona de paseo y sí sirve como el segundo parque canino de la ciudad. Este foso, entre el semibaluarte de Las Lágrimas y el baluarte de San Vicente, necesita un cambio en profundidad que el actual equipo de gobierno no contempla en ninguna de las inversiones programadas y lleva 12 años prometiendo una actuacion. En el PSOE esperan que por fin el tripartito muestre una sensibilidad especial y busquen fondos para la rehabilitación del monumento, a ser posible que consignando unas partidas en el próximo presupuesto plurianual.

EL PSOE TIENE UN PROYECTO RESPETUOSO CON EL ENTORNO. Ricardo Cabezas presentó en 2018 un proyecto para este enclave histórico para conectar como corredor verde una zona de paseo desde la misma Puerta de Palmas hasta la calle Tierra de Barros, pasando por el Parque Infantil. La propuesta de Cabezas, que se incluyó en su programa electoral, da preferencia a la visibilidad del monumento. El paseo se instalaría en la zona en la que se encuentra actualmente, la más próxima a la avenida Entrepuentes Alcalde Eladio López Alegría, con sombra al mantener los árboles existentes, y en su parte izquierda y en todo el extremo una sucesión de fuentes de chorros verticales en un circuito cerrado de agua, una zona que ganaría un valor añadido en verano como espacio para refrescarse, especialmente para niños. Los surtidores previstos serían regulados con un reloj astronómico y un anemómetro. Contararía con un aljibe propio y un sistema de filtración de diferentes capas y cloración para que el agua siga recirculando. Entre las fuentes verticales y el monumento una gran extensión de césped, tal y como ocurre en el baluarte de Santiago. Las pistas de patinaje desaparecerían.