Vientos de cambio: de la oposición al triunfo electoral de 2004
La segunda mitad de la legislatura donde el Partido Popular tuvo mayoría absoluta estuvo marcada por una dinámica de cambio; una pulsión que se manifestó inequívocamente en los resultados de las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2003, en las que por primera vez en una década el PSOE resultaba ser de nuevo el partido más votado a nivel nacional. Su capacidad de diálogo y su disposición para alcanzar acuerdos con otras fuerzas políticas fueron determinantes para la recuperación de la mayoría en la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias), que se refrendó en las elecciones catalanas de noviembre de 2003.
La expectativa de inversión electoral y de cambio político se fue fortaleciendo en los meses previos a los comicios generales, se intensificó durante la precampaña y se consolidó durante la campaña, como mostraron en su día algunos estudios de opinión conocidos que avanzaban la existencia de un empate técnico con trayectoria ascendente para el PSOE y descendente para el PP.
El ciclo de ocho años de gobierno de la derecha ha concluyó en las elecciones generales del año 2004, cuando el PSOE consiguió una nueva victoria socialista, coincidiendo con el 125 Aniversario de la fundación del Partido, en el contexto de una gran movilización ciudadana.
Bajo el liderazgo de Zapatero, el PSOE recuperó terreno electoral frente al PP, superó a su rival en las elecciones autonómicas y municipales de 2003, como ya se ha señalado, y ganó las elecciones generales de 2004 (con mayoría simple) y europeas del mismo año. Su política de gobierno se ha centrado en la ampliación y la mejora de los derechos civiles, la igualdad, la reforma de la educación y el desarrollo del modelo territorial español a través del planteamiento de amplias reformas de los Estatutos de las Comunidades Autónomas. La orientación de estas reformas, tendentes a aumentar en el autogobierno de las autonomías, siempre dentro de los cauces que marca la Constitución, ha generando un enconado debate en el seno de la sociedad española entre sus partidarios y sus detractores (esencialmente, el Partido Popular).
En las elecciones generales de 2008 el Partido Socialista Obrero Español volvió a ganar los comicios, obteniendo 169 diputados, cinco más que en 2004 y un 43,87 % de los votos.
A lo largo de la reciente historia democrática española, el PSOE ha ganado en 18 convocatorias electorales a nivel nacional (frente a las 6 del PP y las 3 de la UCD), ha permanecido en el poder más de 19 años, de los cuales 14 años con Felipe González de 1982 a 1996, y con José Luis Rodríguez Zapatero desde 2004 hasta la actualidad. Gobierna a más ciudadanos a través de los Ejecutivos autonómicos y los Ayuntamientos que ningún otro partido en España.
Es difícil concretar cuales fueron las razones para que se instalara en los ciudadanos españoles tan potente deseo de cambio político, pero si podríamos señalar que pudieron basarse, de una parte, en las características de la gestión del gobierno del PP entre 2000 y 2004; de otra, en la restauración de la credibilidad, apuesta por el diálogo a través del ejercicio de una oposición útil, renovación programática, revitalización partidaria y construcción de un nítido liderazgo del PSOE desde la celebración del XXXV Congreso.
El PSOE, de este modo, regresa en el año 2004 a las responsabilidades de poder en el ámbito nacional con un proyecto conectado de nuevo con la sociedad, dialogante, renovado, ambicioso, sólido y esperanzador, que se alimenta y entronca con el carácter profundamente transformador que caracteriza su evolución y contribución histórica.
El XXXV Congreso Federal del Partido Socialista Obrero Español supuso un antes y un después para nuestra organización política, tras los cuatro años transcurridos desde el 35 Congreso, triunfó la Política con mayúsculas, y especialmente un modo de entenderla por parte de José Luis Rodríguez Zapatero. Su apuesta, aun vigente, ha pasado por conectar con el interés y el sentir de los ciudadanos, que manifestaban un profundo hastío por la cultura de la imposición y de la falta de diálogo que caracterizaron los ocho años de gobierno del PP. Los ciudadanos, que en su día reprocharon al PSOE sus errores, han sabido valorar su sincero esfuerzo por recuperar su confianza.
Esto no hubiera sido posible sin la aportación decisiva del Secretario General. Sin su determinación para erradicar la crispación, para oír y respetar a todos, posiblemente este tiempo tan fructífero para los socialistas españoles hubiera tardado más en llegar.
En estos tiempos difíciles que ahora nos ha tocado pasar, el Partido Socialista posee un nuevo y duro reto, que debe ser afrontado desde los principios e ideales del socialismo y sin que los más afectados, los sectores económicamente más desfavorecidos, corran con todo el peso de la crisis que nos embarga, apoyando políticas sociales y reafirmando los modelos socioeconómicos que nos ayuden a superarla.


