El PSOE en la Oposición: tiempos difíciles (1996-2002)
En las elecciones generales que se celebraron el 3 de marzo de 1996, el Partido Popular ganó las elecciones al Congreso con el 38,78% del voto válido, con una exigua diferencia de 200.412 votos (1,16%) en el conjunto nacional con respecto al PSOE, que perdido 18 diputados, no obstante, muy lejos de sus objetivos electorales y políticos y por debajo de su techo relativo alcanzado en las elecciones europeas de 1994. A principios de mayo de 1996 el PP formó gobierno con el apoyo parlamentario de CiU, PNV y CC.
Las principales causas del desgaste del proyecto socialista, se debió mayoritariamente a la aparición de numerosos casos de corrupción y al encausamiento de altos cargos, junto con una cada vez más acuciante persecución de ciertos sectores de la prensa afines a los ideales del Partido Popular, que supo calar entre la población una idea de centrismo que acabo por descubrirse como falsa poco tiempo después.
En estas elecciones, el PSOE obtuvo 9.419.629 votos, el 37,62% del voto válido, la cifra más abultada después del resultado de 1982. El Partido Socialista quedó como segundo grupo parlamentario, a muy escasa diferencia del primero; la más corta que se ha producido en el periodo democrático. No es por ello abusivo definir el resultado electoral como de empate práctico o técnico en el número de sufragios. Este empate práctico no se corresponde con el número de escaños (156, el PP y 141, el PSOE), porque las condiciones del sistema electoral español otorgan ventaja al partido mejor implantado en las circunscripciones de menor tamaño.
Los 141 escaños ganados por el PSOE le permiten jugar un papel claro en el arco parlamentario resultante de las pasadas elecciones, como oposición fuerte y condicionante ante tentaciones reaccionarias.
En las siguientes elecciones generales celebradas el 12 de marzo de 2000, el PP consiguió la mayoría absoluta en el Congreso con un 44,54% del voto frente al PSOE, que obtuvo 7.829.210 votos, es decir el 34,08%, continuando así como segundo grupo parlamentario.
Inmediatamente después de conocer estos resultados el secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, presentó su dimisión. Tras esta dimisión, el Comité Federal tomó la decisión de nombrar una Comisión Política para hacerse cargo de la dirección del PSOE hasta la celebración del 35 Congreso Federal que fue fijado para los días 21, 22 y 23 de julio de 2000. En él, y con el lema:”El impulso necesario”, el Partido Socialista debatió su futuro proyecto político y eligió sus nuevos órganos de dirección.
El 23 de julio de 2000, concluido el 35 Congreso Federal del PSOE, calificado de excepcional por las difíciles circunstancias, tanto políticas como orgánicas, en las que nuestro Partido acudía a él.
Por primera vez en sus 121 años de historia, cuatro candidatos se presentaron a la Secretaría General del PSOE: José Luis Rodríguez Zapatero, José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díez.
Los 998 delegados, de los que tres de cada cuatro acudían como tales por primera vez al máximo órgano de nuestro Partido, ejercieron su libertad con responsabilidad, y dando una auténtica lección de democracia eligieron en la tarde del día 22 de julio a José Luis Rodríguez Zapatero como nuevo Secretario General del PSOE. La votación arrojó un resultado de 414 votos (41,69%) para la candidatura de Rodríguez Zapatero y 405 votos (40,79%) para José Bono. Matilde Fernández obtuvo 109 votos (10,98%) y Rosa Díez 65 (6,55%).
El nuevo líder socialista no sólo supo trasladar a los delegados la ilusión y la esperanza en una nueva etapa, sino al resto de la Organización y a los ciudadanos españoles, como ha podido constatarse después del cónclave socialista.
El día 23 de julio fueron elegidos los nuevos órganos de dirección y control del PSOE: Comité Federal, Comisión de Ética, Comisión de Garantías, Comisión Revisora de Cuentas, y la nueva Comisión ejecutiva Federal. Esta última fue elegida con el respaldo del 90,2 por 100 de los delegados, resultado no obtenido por una Ejecutiva desde hacía muchos Congresos. Con una edad media de 42,8 años, de sus 25 integrantes -ocho menos que en la CEF anterior-, 10 son mujeres y un total de 21 se estrenan en la dirección del PSOE.
Al elegir a Rodríguez Zapatero, el PSOE había apostado por “el cambio tranquilo”, como él mismo lo denominaba, y logró salir del Congreso más unido y cohesionado de lo que entró.
Como el nuevo secretario general reiteró durante la clausura del 35 Congreso “recuperar el diálogo, la confianza entre todos nosotros es fundamental, es el nuevo estilo de trabajar y hacer política. Esto nos dará fuerza, credibilidad y respeto ante la sociedad. Nadie sobra en este Partido, y contaré con todos”.
Las bases establecidas en el 35 Congreso, con un proyecto innovador y un nuevo liderazgo, tienen su culminación los días 20 y 21 de julio en una Conferencia Política, en la que los delegados debaten y aprueban el rearme ideológico y la modernización de la estructura organizativa, como forma de dar respuesta a las nuevas realidades de la sociedad actual.
De esta forma, concluida la Conferencia Política, los socialistas presentamos a la sociedad un nuevo discurso para las nuevas realidades del siglo XXI. Entendiendo que, desde la aplicación práctica y efectiva de los principios tradicionales que defendemos los socialistas: libertad, igualdad y solidaridad, se puede llegar a la solución de los problemas actuales.
Se propone recuperar la política y sus valores como ética cívica al servicio de la colectividad. Un nuevo impulso cívico para avanzar hacia una democracia cívica, la del ciudadano.
Se propone que, ante el avance del mercado, hace falta un avance en el papel del Estado que regule un funcionamiento adecuado del mismo y facilite recursos y posibilidades reales para que todas las personas puedan desarrollar sus capacidades y posibilidades y que todos tengan aseguradas sus necesidades básicas. Un Estado ágil, innovador, fuerte y eficaz al servicio de una sociedad fuerte.
Se propone una Renta Básica de Ciudadanía como ingresos mínimos vitales de subsistencia que toda persona o familia necesita para vivir.
Se reivindica un nuevo estilo de hacer política para que ésta vuelva a ocupar su papel al servicio de las personas, en la resolución de sus problemas, en su bienestar, en garantizar el progreso en sociedades libres, justas y cohesionadas.
