El primer gobierno socialista: el liderazgo de Felipe González (1982-1996)

Tras la reinstauración de la democracia en España, el PSOE se convirtió en uno de los dos grandes partidos del panorama político. Bajo el liderazgo de González, el PSOE asumió la tarea de gobernar España entre 1982 y 1996.

El primer gobierno socialista, presidido por Felipe González y con Alfonso Guerra como vicepresidente, desarrolló una política orientada, por un lado, a profundizar y asentar la democracia, y, por otro, a impulsar una importante serie de reformas que conducirían al denominado como “Estado de Bienestar”, entre las que se destacan la profesionalización de las Fuerzas Armadas, iniciada ya en la etapa ucedista, y más tarde conducida por el Ministro de Defensa socialista Narcís Serra, que fue clave para la promoción del apoliticismo y la profesionalización de los mandos, de esta forma se alejó definitivamente el espectro golpista, que no ha dejado de estar presente en la historia de España desde el primer tercio del siglo XIX hasta finales del XX, la plena funcionalidad del modelo de Estado de las Autonomías, la reforma educativa, las medidas de saneamiento económico y el impulso a una legislación modernizadora en temas como la despenalización del aborto y la igualdad de la mujer. Todo ello permitió crear un nuevo clima de confianza ciudadana en las instituciones. 

Felipe González

En el plano económico, como ya venían haciendo los socialistas franceses, Felipe González se vio obligado por el pragmatismo liberal y acometió una dolorosa reconversión industrial a partir de 1983, que consideraba ineludible para la modernización del país. La reducción de la inflación constituyó un objetivo declarado desde el primer momento.

Otro aspecto de gran relevancia, en esta primera etapa, es la plena incorporación de España a las instituciones internacionales occidentales y, muy especialmente, la adhesión a las Comunidades Europeas, que se produjo el 12 de junio de 1985, entrando en vigor el 1 de enero de 1986. España dejó de ser un país aislado y se convirtió en una de las naciones más activas en los foros internacionales.

A España le ha correspondido en varias ocasiones ejercer la presidencia de la Unión Europea. En estas ocasiones, la presidencia de Felipe González y la gestión realizada por el gabinete socialista han sido reconocidas nacional e internacionalmente como brillantes.

En 1986, el PSOE obtiene nuevamente en las elecciones generales la confianza mayoritaria de los ciudadanos españoles, con un total de 184 diputados. Entre las labores más apreciables de la ya denominada por muchos como la “década del cambio” destacan la ampliación de la cobertura sanitaria a más de seis millones de personas que, hasta entonces, estaban excluidas del derecho a la prestación pública; el incremento del número de pensionistas en un 35%, concediendo un total de dos millones de pensiones nuevas a personas que hasta ese momento no percibían ninguna contribución; la ampliación de la cobertura de desempleo; la garantía de educación gratuita y obligatoria de los menores de 16 años y el fortísimo incremento del número de becas.

En la primera década de Gobierno socialista se impulsó un programa de modernización de las comunicaciones sin precedentes en la historia de España, que dio como fruto la construcción de nuevas autovías, la modernización de toda la red de carreteras, la introducción del tren de alta velocidad y la puesta en marcha de un satélite de comunicaciones español, entre otros avances. España paso a tener una red viaria heredada de tiempos ancestrales a conseguir comunicar, como nunca habría soñado, los puntos más limítrofes de su extensa geografía.

La década de los 80 se caracterizó, además, por una fase de crecimiento expansivo y de entrada masiva de capitales extranjeros, atraídos por los altos tipos de interés, si bien el descontento de los sindicatos fue creciendo, y el 14 de diciembre de 1988 Felipe González tuvo que afrontar una huelga general. Los sindicatos consideraban necesario dar ese toque de atención al gobierno socialista.

En las elecciones de 1989 el PSOE volvió a ganar las elecciones, quedándose a un diputado de la mayoría absoluta, con 175 escaños, la mitad exacta del Congreso. En el ámbito del Partido, el PSOE realizará en este tiempo un esfuerzo de integración y apertura que facilitará la incorporación a la organización socialista de otros sectores de la izquierda española, como el liderado por el ex vicesecretario general del PCE, Enrique Curiel, que por diferencias con Gerardo Iglesias, entonces coordinador general de Izquierda Unida, abandonó esta formación en 1988, incorporándose al PSOE en 1990; el Partido de los Trabajadores de España en 1991; y Euskadiko Ezkerra en 1993.

Ese mismo año, en 1993, el PSOE vuelve a ganar las elecciones generales, el desgaste se hizo notar en los resultados electorales, esta vez la victoria fue con menos respaldo (159 escaños) y, meses después, celebra en Madrid su XXXIII Congreso Federal, en marzo de 1994, iniciando una nueva etapa de transformaciones.