El desarrollo de la organización socialista: la Restauración y la Dictadura de Primo de Rivera (1879-1931)

El atraso de la sociedad española y el frágil desarrollo industrial, así como la fuerza del anarquismo y el anarcosindicalismo entre los sectores obreros barceloneses, explican la poca relevancia que el Partido Socialista alcanzó en los primeros años tras su fundación, al contrario que sus homólogos europeos. No fue hasta 1910 que obtuvo representación parlamentaria en las Cortes, merced a la coalición entre socialistas y republicanos plasmada en la Conjunción Republicano-Socialista liderada por Pablo Iglesias.

 

A partir de entonces su presencia y su importancia en la sociedad española fueron en aumento, tanto en el incremento en su número de militantes como en el asentamiento de su base teórica. La necesidad de defender adecuadamente los derechos de los trabajadores impulsó la creación de una organización sindical socialista. Así nació la Unión General de Trabajadores (UGT), sindicato socialista fundado por Pablo Iglesias en 1888 en Barcelona e íntimamente ligado al PSOE. 

 

Esta progresiva implantación del socialismo español fue permitiendo plantear una importante crítica social y una creciente contestación popular a las limitaciones políticas de la Restauración, cuyo sistema permitía que los derechos civiles fueran burlados y que se produjese el reparto de poder entre los partidos liberal y conservador y el turno en el desempeño de las tareas de Gobierno.

 

El Partido Socialista Obrero Español no conseguiría representación parlamentaria hasta el 8 de mayo de 1910, cuando la Conjunción Republicano-Socialista permitió a Pablo Iglesias obtener 40.899 sufragios y el título de diputado a Cortes por Madrid. Algo más de cuarenta mil votos que fueron calificados por Ortega y Gasset como cuarenta mil actos de virtud. Fue reelegido en 1914, en vísperas del asesinato de Jean Jaurés, con 21.956 sufragios, esta vez presentándose por Oviedo. El 9 de abril de 1916 repitió escaño con 18.054 sufragios.

 

Pablo Iglesias

La condición no beligerante de España durante la Primera Guerra Mundial, iniciada en 1914, hizo posible un cierto desarrollo económico que permitió amasar importantes fortunas a determinados sectores de la burguesía, mientras que los trabajadores sufrían las consecuencias de una tremenda subida de precios, que disminuía por días la capacidad adquisitiva de sus salarios. El malestar ante esta situación, junto a la creciente demanda de libertades más efectivas planteadas por amplios sectores de la población, crearon un ambiente de movilización social a favor de un cambio político, a cuyo frente se pusieron el PSOE y la UGT, encabezando un movimiento huelguístico que conmocionó a la burguesía en agosto de 1917 y que fue duramente reprimido. Los dirigentes socialistas y miembros del comité de huelga, entre los que destacaban los futuros líderes socialistas Francisco Largo Caballero y Juliaán Besteiro, fueron detenidos, juzgados y encarcelados con una condena a cadena perpetua, aunque eso no impidió que en las elecciones de febrero de 1918 todos fueran elegidos diputados.

En el año 1919 Pablo Iglesias cesó parcialmente de sus obligaciones políticas a causa de una pulmonía y una salud cada vez más resentida. El 9 de diciembre de 1925 falleció en Madrid y su cadáver fue embalsamado y expuesto en la Capilla de la Casa del Pueblo de Madrid. Unos 150.000 ciudadanos acudieron a su funeral.

Como el resto de partidos obreros, el PSOE se vio seriamente afectado por la llamada crisis de las Internacionales. El triunfo de la Revolución Rusa en 1917 y la creación de la Internacional Comunista (separada de la unitaria Internacional Socialista) provocaron la ruptura del partido entre los partidarios de adherirse al Komintern (que finalmente se agruparían en el Partido Comunista de España, en 1921) y los sectores más moderados, mayoritarios, que permanecieron en la Segunda Internacional.

Una parte del PSOE y la UGT rechazaron y condenaron abiertamente el pronunciamiento militar de Miguel Primo de Rivera en 1923, la suspensión del régimen constitucional que lo siguió y la dictadura militar que, con el consentimiento del rey Alfonso XIII, sustituyó al gobierno liberal turnista. A pesar de ello y de la oposición del sector liderado por Indalecio Prieto, el Partido Socialista y la UGT, decidió colaborar con el Directorio militar. En este periodo, se toleraron los movimientos socialistas, especialmente del sindicato UGT, que se convirtió en la primera central sindical de España. Algunos dirigentes socialistas, como Francisco Largo Caballero, llegaron a participar en las instituciones de la dictadura, con el sindicato de la UGT.